Las siete mil islas que forman Filipinas son las grandes olvidadas del sureste asiático: al estar apartadas de la ruta terrestre principal, nunca han atraído a un gran número de turistas.
Sin duda, este hecho ha perjudicado económicamente al país, pero en la actualidad su reputación de nación peligrosa ha quedado obsoleta, y en su mayor parte se ha estabilizado y resulta más segura. El país gusta promocionarse como la Sonrisa de Asia y sus habitantes son simpáticos y serviciales.
Además, el transporte es económico; la comida, de calidad y la oferta de alojamiento, amplia.
A Filipinas le persigue la desgracia. En 2000, un centro de investigación con sede en Bruselas declaró a Filipinas el país con mayor predisposición a los desastres de la Tierra.
Los tifones, terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones, desprendimientos de tierras y acciones militares contra los insurgentes musulmanes son sólo algunos de sus problemas.
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